¿QUÉ HACER SI MI HIJO/A SE AUTOLESIONA?

¿Qué es una autolesión?  

Se trata de heridas  hechas deliberadamente como reacción al sufrimiento de tipo emocional que la persona siente y no es capaz de gestionar. Las formas más comunes son los cortes o arañazos  en la piel pero también pueden ser heridas por quemaduras, tirones de piel o golpes.

¿Qué función tiene la autolesión?

Pueden ser varios los motivos que lleven a una persona a autolesionarse, entre los más estudiados se encuentran la función de servir como regulador emocional (para aliviar la intensidad de las emociones negativas), como autocastigo (“me lo merezco”), para comunicar el dolor por incapacidad de hacerlo verbalmente (el cuerpo autolesionado expresaría cómo me siento), para salir de estados disociativos, o para sentir que tengo cierto control o incluso como estrategia para evitar el suicidio. En definitiva, aunque los motivos u objetivos de la autolesión son variables, siempre que se da esta existe una elevada angustia y dolor y, además, una falta clara de recursos o estrategias para tolerar, afrontar y regular este malestar.

¿Qué supone autolesionarse?

Se trata de una conducta desadaptativa y peligrosa que refleja un incremento en las experiencias de emociones negativas, un déficit en las habilidades emocionales  y una falta de estrategias de auto-regulación emocional. Nunca debemos restar importancia a una autolesión, ya que se trata de una conducta patológica que refleja algún problema a un nivel más profundo.

¿Qué hacer en caso de sospechar que mi hijo/a se autolesiona?

  • Estar alerta a señales del tipo: mi hijo/a habla de autolesionarse, tiene cicatrices sospechosas, heridas que no terminan de curar, cortes en el mismo lugar, tendencia al aislamiento social, guarda herramientas afiladas, trata de ocultar las heridas o evita descubrirse la piel.

  • Validar: dar valor a las emociones (no juzgar si sus emociones son apropiadas o no, comprender que se siente así por algún motivo), permitir que exprese como se siente sin restar importancia, criticar o decirle cómo debería sentirse.

  • Es fácil sentirse desbordado en una situación así, sin embargo debemos mostrarnos disponibles sin caer en la dramatización. Tampoco es adecuado enfadarse con ellos, aunque estemos preocupados (no es una conducta para retarnos o molestarnos, si no que es un indicador de que algo no va bien, de que están sufriendo…).

  • Escuchar e interesarse por lo que tu hijo/a dice. Mantener una comunicación abierta y empática. Expresar preocupación y comunicarle que confiáis en él/ella (dar ánimos, centrarse en sus capacidades, reflejar lo positivo…).

  • No ser crítico. Evitar sermones o comparaciones (“lo que tienes que hacer es…”, “yo a tu edad…”).

  • Reflejar la conducta verbal, no verbal, sentimientos, pensamientos (no esperar que él/ella sepa las cosas o las intuya: “parece que estas nervioso”, “te veo con cara triste”, etc.).

  • Cuando tengáis que expresar sentimientos negativos: mirar a la persona, hablar firmemente y dejar claro lo que hizo para molestaros. Hablar sobre vuestras propias emociones relacionadas con la situación. Podéis sugerir cómo evitar que se repita ese comportamiento. Criticar siempre la conducta pero nunca a la persona (su personalidad, sin etiquetas; por ejemplo: “no has actuado bien” en lugar de “eres mala” o “no está bien que tengas la habitación desordenada” en lugar de “eres un desastre”).

  • Usar elogios para animar cualquier progreso, no importa lo pequeño que sea.

  • En los momentos de crisis preguntarle qué podéis hacer por él/ella o qué necesita. Pedirle que antes de llevar a cabo ninguna conducta dañina os pida ayuda y comprometeros a dársela sin juzgarla.

  • Ver las conductas problemáticas como lo que en realidad son: estrategias disfuncionales para regular emociones negativas o evitar situaciones que teme, como el rechazo o el abandono. Detrás de esas conductas que no nos gustan hay mucho sufrimiento, no es un capricho.

  • Reflexionar sobre la dinámica relacional familiar. Preguntarme si hay algo que pueda estar dañando a mi hijo/a o contribuyendo al mantenimiento del problema.

  • Buscar ayuda profesional cuanto antes para evitar que la situación se agrave y poner en práctica cuanto antes estrategias de resolución más adaptativas.

 

admin
clinicapaulacabal@gmail.com
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